Israel Fernández: la identidad universal del flamenco

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El camerino | 5 min de lectura | Abril 2024

Una conversación con el cantaor Israel Fernández sobre tradición, identidad y vigencia del flamenco en el mundo contemporáneo.

El cantaor Israel Fernández llegó por primera vez a Colombia el 23 de abril como uno de los invitados a la Bienal de Flamenco 2026 del Teatro Colsubsidio.

Desde su debut en 2008 con Naranjas sobre la nieve, se ha consolidado como una de las voces jóvenes más determinantes del flamenco: premio Odeón, nominación al Latin Grammy por Amor (2020) junto al guitarrista Diego del Morao, y una propuesta que reconoce la raíz de Camarón de la Isla sin renunciar a una identidad propia.

“El flamenco tiene una identidad universal como el sol”

Por Jaime Andrés Monsalve B.

Hasta la aparición en la escena del cantaor Israel Fernández Muñoz (n. 1989), la población toledana de Corral de Almaguer no figuraba en el mapa flamenco como una escala determinante. Su trayectoria reafirma una idea esencial: el cantaor se hace, pero sobre todo nace, incluso lejos del sur.

“La verdad, humildemente, con todo el respeto, yo provengo de una familia gitana de padre, madre y abuelos criados en el arte flamenco; y así crecí yo también, con toda una infancia escuchando cantes”, recuerda el artista desde España. “Todos en la familia han cantado y han bailado, sin ser artistas profesionales. Pero es algo que Dios me ha dado y tengo que defenderlo”.

Desde su debut discográfico en 2008 con Naranjas sobre la nieve (Nuba Records), Fernández ha construido una trayectoria que incluye el premio Odeón y una nominación al Latin Grammy por Amor (2020), junto al guitarrista Diego del Morao.

A esto se suma el premio del público en el Festival de Cine Documental Musical In-Edit en 2020, por el cortometraje Canto porque tengo que vivir, del que es protagonista.

Hoy, con el prestigio de ser considerado como una de las voces jóvenes más determinantes de una línea personalísima, sin dejar de acusar la escuela directa de Camarón de la Isla, Israel Fernández debuta en Colombia este 23 de abril. Antes de ello, compartió con TEMPO una serie de reflexiones jondas.

ENTREVISTA

Jaime Andrés Monsalve: En la actualidad, la comunicación entre el artista y el público ha trascendido los tablaos y cafés cantantes para mediarse a través de Internet y formatos masivos. Usted ganó a los once años el concurso televisivo Tu gran día. ¿Cómo influyó esa exposición temprana en su concepción del flamenco?

Israel Fernández: Bueno, yo siempre fui un niño que jugaba, de chiquitito, a escuchar cante. Claro, cuando uno se hace mayor, adquiere más responsabilidad y más respeto por las cosas. Así que todo se volvió más serio, pero antes era como un juego para mí.

Es muy bonito lo de las redes sociales para comunicar, para que el arte llegue a más público, a la sociedad en general. Como yo tengo tanta afición por la música, me pasó como el dicho: el que busca, halla; y el que quiere, encuentra.

J. A. M.: Empieza usted una carrera con Nuba Records, un sello muy flamenco sobre todo a finales de los noventa y principios de los 2000, donde grabaron artistas como Chano Domínguez, Guillermo McGill o Agustín «Bola» Carbonell. ¿Qué significó para usted entrar a la discografía a través de esa casa?

I. F.: Yo les estaré eternamente agradecido, porque gracias a esta compañía y a todos sus integrantes pude grabar mi primer disco.

Y de ahí luego, gracias a Dios, pasé a Universal Music Internacional, que era mi sueño, porque ahí estaban y están las grabaciones de mis ídolos, como el maestro Paco de Lucía y Camarón. Para mí, estar en esa discográfica es un regalo, y gracias a Nuba Records empecé este camino.

J. A. M.: Ya que lo menciona, es imposible no preguntarle por ese referente flamenco que ha sido José Monje Cruz, Camarón, influencia y figura tutelar de los cantaores desde la segunda mitad del siglo pasado…

I. F.: La verdad es que, junto con el maestro Paco de Lucía, con Camarón hay un antes y un después del flamenco. Yo, más que verlos, prefiero sentirlos, porque muchas veces no se ve, pero hay que sentir.

Ellos son mi fuente inagotable de inspiración, y cuando me pierdo, me encuentro en ellos.

J. A. M.: Si hablamos de esas duplas históricas —Camarón con Paco o con Tomatito—, ¿usted a quién consideraría su equivalente? ¿Con qué guitarrista ha tenido una relación más cercana?

I. F.: Bueno, sin entrar en comparaciones, desde que conocí a Diego del Morao ha sido también una fuente de inspiración viva. Para mí, con todo el respeto, es un genio.

Hay que disfrutarlo, porque es una bendición para la música y para el flamenco.

J. A. M.: Remontémonos al álbum Universo Pastora (2018), que dialoga con la tradición de la familia Pavón, especialmente con Pastora Pavón, la Niña de los Peines. ¿Cómo asumió esos cantes?

I. F.: A mí me pasó con Pastora como con Camarón: cuando la escuché, me cambió el concepto, el sentir, las formas. Fue un nuevo universo.

Quise hacerle un homenaje con todo mi corazón, junto a mi compadre Carlos de Jacoba, un guitarrista increíble de Motril. Hicimos ese trabajo dedicándoselo a esa dinastía, que también incluye a Tomás Pavón y a Pepe Pinto.

J. A. M.: Se dice que la vanguardia está en el pasado. ¿Cómo ve usted esa relación entre tradición y nuevas tendencias?

I. F.: Yo creo que lo que está bien hecho hay que dejarlo y restaurarlo, no romperlo. Hay que respetar.

Las buenas costumbres no se pueden perder nunca, ni la identidad. El flamenco tiene una identidad muy grande, universal como el sol, y no hay que quitarle sus flores. El mestizaje es bonito, pero solo cuando nace de una amistad real, sin pretensión.

J. A. M.: ¿Qué le han aportado colaboraciones con artistas de otros lenguajes, como El Guincho o Rosalía?

I. F.: Es muy bonito, porque uno aprende de todo el mundo y la música se enriquece. Yo me he enriquecido al compartir con otros instrumentos y géneros.

Camarón decía que la pureza no se pierde cuando uno la lleva dentro; después, lo importante es compartirla. Sacarle una sonrisa a alguien no tiene precio: ese es mi afán.

J. A. M.: ¿Qué significó trabajar con Antonio el Relojero en Por amor al cante (2024)?

I. F.: A Antonio lo conocí en un concurso hace muchos años, pero en ese momento no pudimos trabajar mucho. Con el tiempo, cuando ya no tenía a su madre, pudimos grabar ese disco y salir de gira.

Fue un regalo poder compartir ese proceso y verlo disfrutar lo que llevaba dentro.

J. A. M.: Usted también compone. ¿A qué le canta el flamenco hoy?

I. F.: El flamenco ha tenido a los mejores poetas, como Federico García Lorca. Yo escribo lo que siento, lo que vivo, lo que quiero que pase y lo que no.

Siempre digo una cosa: “Para escribir hay que vivir”. Hay que actualizarse y ser atrevido, pero sin perder la elegancia. El flamenco nunca puede perderla. 

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